La Justicia, en alerta por las dificultades técnicas y políticas de las PASO – Por Claudio Jacquelin

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“Van a ser las elecciones más complejas que hayamos tenido”, advierten desde la Justicia Electoral cuando solo faltan 16 días para los comicios; por qué se demorarán los resultados

“Van a ser las elecciones más complejas que hayamos tenido”, advierten desde la Justicia Electoral cuando solo faltan 16 días para las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Con esa premisa, los funcionarios electorales se encuentran en estado de alerta para tratar de atemperar las numerosas dificultades que, según prevén, deberán enfrentar el domingo 12 de septiembre.

Entre los inconvenientes que vislumbran, fuentes de la Cámara Nacional Electoral se apresuran a enunciar uno de los que mayor y más rápida zozobra pueden generar en la dirigencia y en la ciudadanía tras el cierre de los comicios: advierten que, muy probablemente, la difusión de los resultados se demorará más de lo que ha ocurrido en comicios anteriores.

En un intento por desbaratar teorías conspirativas (que abundan) desde la Justicia aclaran que la complejidad se basa, fundamentalmente, en que estas PASO tendrán características técnicas sin precedente desde que se comenzó a aplicar este sistema, hace una década. Pero no faltan otros condimentos.

El escenario se complica más con la polarización imperante y la apatía, distancia o rechazo que prima en el ánimo social respecto de la política y los dirigentes políticos. Suficientes como para justificar la preocupación por anticipar y explicar posibles inconvenientes de parte de las autoridades electorales. Expresiones de la fragilidad y la combustibilidad del terreno en el que se desarrollarán las elecciones de este año.

A eso hay que añadirle la variable sanitaria, principal diferencial con todas las elecciones en un siglo. No solo se realizarán en medio de la pandemia, sino que el nivel de afectados que habrá el 12 de septiembre es uno de los grandes interrogantes que atraviesa a todos. La supercontagiosa variante delta del Covid-19 ya circula en el país, mientras están habilitadas casi todas las actividades laborales, sociales y deportivas. Peculiaridades argentinas que no esterilizan el alcohol ni la lavandina.

Debido a la pandemia, la Cámara Electoral estableció un protocolo para minimizar la transmisión del Covid-19 y facilitar la participación. Se teme una elevada abstención, no solo por motivos políticos, sino también por el miedo al contagio. “La ciudadanía debe saber que ir a votar no entraña más sino menos riesgos que ir al supermercado”, señalan los jueces.

El cuidado tiene consecuencias: por la pandemia se habilitaron más lugares de votación y se modificaron los que venían utilizando muchos electores para reducir el número de mesas por escuela. Para ello, sumaron sedes de entidades, cuya infraestructura en muchos casos no es mejor que las de los establecimientos educativos, a pesar de que, como constató la Justicia, muchas escuelas mostraban las secuelas de la falta de mantenimiento durante la larga la cuarentena. Todo hace presumir que en no pocos lugares el horario de votación deberá extenderse más allá de las 18. Paciencia.

Para añadir preocupación, el primer simulacro de votación del sábado pasado mostró varios inconvenientes en la transmisión de datos. En el oficialismo los minimizan por considerar que fueron problemas menores, fáciles de subsanar. Para los representantes de la oposición fue un llamado de atención. Mañana, con el segundo simulacro, se sabrá quién está más cerca de la verdad.

En el plano técnico se suma que en muchas escuelas y centros de votación no habrá conexión punto a punto para transmitir datos, como ocurrió en las últimas elecciones, por lo que se dependerá del rondín de los agentes del Correo que pasarán a buscar los telegramas para transmitirlos al centro de cómputos. Otro motivo para demorar la difusión de los resultados. La noche del domingo al lunes puede ser muy larga.

Entre las singularidades de índole política se destaca que por primera vez los espacios mayoritarios tendrán verdadera competencia interna en distritos de alto impacto, empezando por la provincia de Buenos Aires. Se calcula que ahí habrá medio millar de boletas distintas. Motivo adicional para retrasar el conteo y habilitar planteos.

Política caliente 

En el territorio bonaerense, además, los cambiemitas dirimirán no solo la composición de sus listas de candidatos, sino que empezarán a delinear el futuro de la coalición. El liderazgo y las ambiciones presidenciales de Horacio Rodríguez Larreta tendrán su primer test. Enfrente, el radicalismo, con Facundo Manes, pondrá a prueba su proceso de resurrección con pretensiones presidenciales. La sordina impuesta a las acusaciones del inicio de la campaña no terminó con las desconfianzas. Los recursos y la capacidad para fiscalizar siguen despertando recelos.

La fiscalización es causa de inquietud también en los partidos más chicos. Florencio Randazzo, de Vamos con vos, pidió a la Justicia que permita la designación de dos fiscales generales por centro de votación porque “es difícil contar con fiscales en todas las mesas”. Sospecha que “se contraten militantes de otras fuerzas para el conteo de votos”. Además, reclamó que se aclaren aspectos vinculados con la recolección y transmisión de datos. Randazzo no es un advenedizo, en su último cargo público fue ministro del Interior.

Detrás de Buenos Aires asoman otras dos provincias que encienden luces rojas en el tablero de control electoral. En Santa Fe y Tucumán se enfrentarán listas peronistas auspiciadas (o integradas) por el gobernador, por un lado, y por el vicegobernador o la vicegobernadora, por el otro. La prevención ya es sospecha.

Agustín Rossi, que encabeza el binomio de precandidatos a senadores junto a la vicegobernadora Alejandra Rodenas, pidió a la Justicia que designe un fiscal informático. Teme que se demore la carga de los votos en su principal bastión –Rosario–, “como en 2017”. Rossi-Rodenas enfrentan a la lista en la que el gobernador Omar Perotti es precandidato a senador nacional suplente con el auspicio de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y La Cámpora. Al exministro le preocupan más los equinos de los comisarios que el caballo de Troya. Se conocen demasiado.

Tucumán no es menos complejo. El gobernador Juan Manzur es, como Perotti, precandidato a senador suplente y cuenta, también, con el apoyo de la cúpula frentetodista. Enfrente tiene al vicegobernador Osvaldo Jaldo.

La profundidad del enfrentamiento, que lleva meses macerándose, preocupa en esferas políticas y judiciales nacionales. La Casa Rosada y el Instituto Patria siguen la disputa casi con tanto interés como el más nuevo integrante de la Cámara Electoral, Daniel Bejas, quien llegó al cargo auspiciado por Manzur. Se teme que el día después de las PASO sea aún peor que lo ya visto. El jardín de la república puede volverse campo de batalla. No sería la primera vez.

Santa Fe y Tucumán son apenas dos muestras de la relevancia de estas elecciones para el Gobierno y todo lo que se juega. Ni hablar de la crucial provincia de Buenos Aires, donde la ausencia de competencia interna no alcanza para tranquilizar a propios y ajenos. Ese es el bastión del kirchnerismo y allí se definirá buena parte del marco en el que transitarán los próximos dos años de gobierno. El resultado configurará el poder interno.

En tal contexto, que el Correo y la Dirección Nacional Electoral estén controladas por La Cámpora suma motivos para la suspicacia del antikirchnerismo más duro. Hasta ahora la Justicia y los sectores moderados de la oposición no cuentan con elementos que corporicen fantasmas. Aunque habrá quien los agite.

Completa el cuadro de dificultades y posibles conflictos pos-PASO la complejidad existente para la distribución de lugares en las boletas definitivas de las fuerzas donde haya habido competencia interna, ya que habrá un doble condicionamiento. Al sistema elegido para asignar los lugares a los precandidatos de cada una de las listas, según los votos obtenidos, hay que añadirle paridad de género. Quien encabece la segunda lista más votada podría ocupar un lugar bastante más relegado que aquel que el sistema de distribución le asigne inicialmente. Otro motivo para la discusión. Pero eso vendrá después, cuando, ojalá, muchos de los inconvenientes ya sean pasado.

De cualquier manera, la antesala de las elecciones generales del 14 de noviembre será un período no apto para quienes padezcan comorbilidades. Las PASO prenuncian dos meses de alta tensión. No solo política.

Claudio Jacquelin

FUENTE notiar.com.ar

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