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La Iglesia tucumana manifestó su «gozo» por la flexibilización

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La Arquidiócesis hizo oficial, con una carta firmada por Monseñor Carlos Sánchez, la reapertura con hincapié en «el respeto a los protocolos e indicaciones».

El Comité Operativo de Emergencia finalmente habilitó a los tucumanos para poder concurrir a los templos de la provincia y la comunidad católica lo celebró este martes con una carta firmada por Monseñor Carlos Sánchez en representación de la Iglesia.

«Con gozo les comunico que a partir de hoy mismo podemos volver a celebrar la Eucaristía con asistencia de los fieles, después de cuatro meses. Agradezco a todos el cuidado y el respeto a los protocolos y a las indicaciones sanitarias y les pido seguir sosteniéndolos en esta nueva etapa, con la certeza que el Señor de la Salud nos seguirá protegiendo y con nuestra colaboración«, indicó la misiva publicada este mediodía a través de Carlos Sánchez.

La carta de la Iglesia hacia los tucumanos

La celebración del Misterio Eucaristico es fuente y cumbre de toda la vida cristiana. Al celebrar la Misa con los fieles de la comunidad se hace más evidente el sentido de pertenencia a la Iglesia. Porque la Eucaristia hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristia. Es el momento sustancial de la constitución de la comunidad parroquial y eclesial.

La Eucaristia es la actualización del Misterio Pascual de Cristo, su pasión muerte y resurrección.

En la Eucaristía nos alimentamos con el pan del Encuentro en la comunidad, en la Asamblea convocada por el Señor, es donde compartimos las penas y alegrias, las preocupaciones y los logros y ponemos en común nuestras intenciones: enfermos, difuntos, acciones de gracias, súplicas, necesidades, etc.

En la Eucaristía nos alimentamos con el pan de la Palabra de Dios, que ilumina cada situación de vida, consuela, fortalece, corrige. alienta e indica el camino para vivir y crecer en la fe y hacer más evangélica nuestra vida cristiana.

En la Eucaristía nos alimentamos con el pan de la misericordia de Dios, que nos hace hombres nuevos por la muerte redentora de Jesús, que entregó su cuerpo y derramó su sangre para el perdón de los pecados.

En la Eucaristia nos alimentamos con el pan eucarístico del Cuerpo del Señor que nos hace entrar en comunión de vida y amor con el mismo Jesús y en comunión fraterna y eclesial.

En la Eucaristia nos alimentamos con el pan del servicio y la caridad porque descubrimos a Jesús, que se pone ante nuestros pies para lavarlos y nos enseña que hagamos los mismo amándonos unos a otros hasta dar la vida, gastándonos en servicio generoso, caritativo y solidario para con los hermanos más pobres y necesitados. los excluidos y sobrantes.

En la Eucaristia nos alimentamos con el pan de la Misión, porque al finalizar la celebración, el sacerdote nos dice «pueden ir en paz», a anunciar y hacer presente y creciente el Reino de Dios en nuestra vida ordinaria. Iglesia misericordiosa, servidora, fraterna y en salida misionera, con la protección y ayuda de la Virgen que nos acompaña con su ternura maternal.

En estos cuatro meses la Iglesia no ha dejado de celebrar y vivir la Eucaristía: Jesus se nos hecho presente también en el altar familiar, en la lectura orante de la Palabra de Dios, en la atención a los enfermosa los pobres y necesitados. Ha sido una experiencia de eucaristizar la vida ordinaria con las actitudes de entrega sacrificada y servicial por los hermanos.

Hemos participado de la Eucaristía, de las oraciones, adoraciones y otras celebraciones a través de los medios de comunicación y las redes sociales que nos han unido y ayudado a experimentar el gozo de sabernos Pueblo de Dios en comunión fraterna y eclesial. Y hemos hecho todos, la experiencia de aquellas personas que. habitualmente, no tienen la Eucaristia cerca de los enfermos, los privados de libertad, los ancianos, los que viven alejados…: nos hemos solidarizado con ellos valorando lo que significa la participación presencial en la celebración eucarística.

Deseo que esta experiencia de cuatro meses de siembra callada y serena, pero eficaz y sacrificada produzca en nuestra Iglesia diocesana frutos de santidad, de caridad y de comunión misionera.

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P. Carlos Sánchez, su padre y Pastor.

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