Diciembre no fue lo que esperaba el comercio y el futuro es incierto

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Las ventas del último mes de 2020 se mantuvieron en picada. La cruz de la inflación.

El salvavidas que los comerciantes eperaban en diciembre nunca llegó. Las ventas del último mes de 2020 cerraron con una caída de 6,7 por ciento, convirtíendose en el séptimo descenso consecutivo de la actividad.

El informe de la consultora Focus Market detalla que el ticket promedio del mes que suele engrosar sus estadísticas por las fiestas de fin de año, fue de $ 531, para compras de menos de cinco unidades, un valor que reflejó la incidencia de la inflación en la economía, al duplicar el valor registrado en diciembre de 2019.

La caída afectó principalmente a los negocios de menor envergadura. Fuera de los autoservicios grandes, que registraron una mejora, el resto tuvo números rojos, en especial almacenes y kioscos en los que la debacle fue tal que derivó en cierres temporales o definitivos.

En los supermercados en tanto, el descenso se dibujó con una curva más suavizada, producto de la fuerte tracción que generaron con fuertes acciones comerciales, en un marco general de muy competitivo y dinámico.

En coincidencia con el informe anual de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa, la caída anual de la actividad comercial fue superior al 20 por ciento, mientras que las perspectivas para el año ya en marcha no son precisamente optimistas.

En primer lugar se debe tener en cuenta que Argentina arranca un año electoral. Se renueva parte del Congreso y, si el gobierno pierde terreno, puede perder el delicado control que ejerció en ambas cámaras en sus dos primeros años.

Ya se dijo que la inflación y la caída del poder adquisitivo fueron las principales preocupaciones de los votantes aún en el año de la pandemia. Eso hace pensar que, con la cabeza puesta en los comicios, la estragegia será tratar de mantener a raya los precios, las tarifas y el dólar.

Para ello el Gobierno necesitará ingresos que provean lo que no podrá obtener de los mercados internacionales de crédito, cerrados para la Argentina. Pero el conflicto con el campo por el cierre de exportaciones de maíz pone en duda esa vía de financiación.

Si eso no cambia, sólo queda a mano la impresión, que a mediano plazo aumentará la presión inflacionaria en la medida en que se destinará a incrementar el déficit de las arcas públicas, que si la pandemia no cede no hará otra cosa que crecer.

Ya se comenzó a hablar de la vuelta del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y de la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), que en 2020 se solventó con emisión monetaria. La medida, necesaria para mantener la paz social en caso de que vuelvan las restricciones que paralizaron la economía el año pasado, pueden ser un boomerang para la política económica.

Ese contexto hace que el escenario inmediato de la actividad comercial sea cuanto menos, sombrío, sobre todo porque un mayor control de precios en los productos de consumo masivo, sector que ya soporta una fuerte presión alcista por el atraso que arrastran del año pasado, puede derivar en un escenario de desabastecimiento.

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